La educación tiene que ser el punto número 1 del Pacto de Mayo​

La hoja de ruta que lleve al desarrollo de la Argentina solo podrá construirse sobre la base de valores y prácticas democráticas. El diálogo, la cooperación, la tolerancia al disenso y la voluntad de compromiso son el marco necesario para promover cambios que pretendan sostenerse en el tiempo. Este sendero hacia el desarrollo requiere de acuerdos básicos que permitan dar primeros pasos genuinos y concretos que reconstruyan tejidos para tener una mirada común de largo plazo. Hoy existe un consenso de que estabilizar la macroeconomía es una necesidad ineludible. Ahora bien, esto es una condición necesaria, pero está lejos de ser suficiente para ser un país desarrollado. La educación es el motor del desarrollo social, económico y democrático de un país y, por lo tanto, debe ser el primer punto de cualquier gran acuerdo nacional como pretende ser el Pacto de Mayo.

Las capacidades que las personas desarrollan durante su niñez y juventud determinan, en buena medida, las oportunidades y herramientas que van a tener para construir su proyecto de vida e integrarse activamente en el mundo del trabajo en su adultez. A la vez, esas capacidades adquiridas reflejan gran parte del potencial con el que cuenta la Argentina para apalancar su desarrollo. Visto desde este ángulo, el panorama del país no es satisfactorio. Hoy en la Argentina apenas el 13% de quienes ingresan al nivel primario llegan al último año de la escuela secundaria en el tiempo teórico y con los aprendizajes esperados en Lengua y Matemática. La mayoría de los estudiantes de 15 años no alcanza un nivel mínimo de competencia en Matemática (73%), Lectura (55%) y en Ciencias (54%), según los resultados de la evaluación PISA 2022. Las pruebas ERCE de la Unesco muestran que 1 de cada 2 estudiantes de tercer grado de primaria tienen dificultades para comprender un texto.

Estos datos construyen un diagnóstico crítico de la educación de nuestro país que, además, está atravesada por importantes desigualdades geográficas, de nivel socioeconómico y de género. En un contexto donde, además, 6 de cada 10 niños viven y crecen en la pobreza, es difícil pensar un futuro común sin dar a la educación la máxima centralidad en la agenda pública. Esto no puede limitarse a una declaración de intenciones, sino que debe cristalizarse en un conjunto de iniciativas que apunten a robustecer y blindar el financiamiento educativo; asegurar escuelas con buena infraestructura, equipamiento y material didáctico; promover mayor tiempo de enseñanza; fortalecer el rol de los docentes; y favorecer una gestión inteligente del sistema educativo apoyada en la evaluación y sistemas de información sólidos; todas ellas teniendo como norte que todos los niños dela Argentina tengan un acceso temprano a la educación y se gradúen con aprendizajes de calidad. Es decir, convertir a la Educación en una verdadera política de Estado.

Un proyecto educativo de esta naturaleza, que sintonice con una estrategia de desarrollo requiere, además, generar una mayor articulación entre el sistema educativo y el sector productivo. Esto supone, por un lado, crear un ecosistema dinámico donde las necesidades de una matriz productiva regional dialoguen con la oferta formativa disponible. Por otro, que los jóvenes, desde el nivel secundario, conozcan las oportunidades y los desafíos del mundo del trabajo y tengan acceso a experiencias valiosas en entornos productivos. Esta articulación entre educación y trabajo necesita de una trama de actores de diferentes sectores (educación, trabajo, producción) y de los distintos niveles de gobierno dispuestos a cooperar y coordinar acciones.

Una educación de calidad es una condición básica para que las personas puedan llevar adelante su proyecto de vida y ejercer una ciudadanía democrática, buscando la prosperidad a título individual. Una educación de calidad es también el pilar fundamental para construir un país con un desarrollo inclusivo y sostenido. Hoy, el gobierno nacional y los gobiernos provinciales tienen una gran oportunidad para asignarle la más alta prioridad. El punto de partida puede ser este gran acuerdo nacional. Sólo con una mirada prospectiva será posible salir de la sucesión de crisis tras crisis en la que se encuentra el país hace décadas. El compromiso debe ser el largo plazo, y eso es la educación.

Directora ejecutiva de Cippec y director de Educación de Cippec

​ La hoja de ruta que lleve al desarrollo de la Argentina solo podrá construirse sobre la base de valores y prácticas democráticas. El diálogo, la cooperación, la tolerancia al disenso y la voluntad de compromiso son el marco necesario para promover cambios que pretendan sostenerse en el tiempo. Este sendero hacia el desarrollo requiere de acuerdos básicos que permitan dar primeros pasos genuinos y concretos que reconstruyan tejidos para tener una mirada común de largo plazo. Hoy existe un consenso de que estabilizar la macroeconomía es una necesidad ineludible. Ahora bien, esto es una condición necesaria, pero está lejos de ser suficiente para ser un país desarrollado. La educación es el motor del desarrollo social, económico y democrático de un país y, por lo tanto, debe ser el primer punto de cualquier gran acuerdo nacional como pretende ser el Pacto de Mayo.Las capacidades que las personas desarrollan durante su niñez y juventud determinan, en buena medida, las oportunidades y herramientas que van a tener para construir su proyecto de vida e integrarse activamente en el mundo del trabajo en su adultez. A la vez, esas capacidades adquiridas reflejan gran parte del potencial con el que cuenta la Argentina para apalancar su desarrollo. Visto desde este ángulo, el panorama del país no es satisfactorio. Hoy en la Argentina apenas el 13% de quienes ingresan al nivel primario llegan al último año de la escuela secundaria en el tiempo teórico y con los aprendizajes esperados en Lengua y Matemática. La mayoría de los estudiantes de 15 años no alcanza un nivel mínimo de competencia en Matemática (73%), Lectura (55%) y en Ciencias (54%), según los resultados de la evaluación PISA 2022. Las pruebas ERCE de la Unesco muestran que 1 de cada 2 estudiantes de tercer grado de primaria tienen dificultades para comprender un texto.Estos datos construyen un diagnóstico crítico de la educación de nuestro país que, además, está atravesada por importantes desigualdades geográficas, de nivel socioeconómico y de género. En un contexto donde, además, 6 de cada 10 niños viven y crecen en la pobreza, es difícil pensar un futuro común sin dar a la educación la máxima centralidad en la agenda pública. Esto no puede limitarse a una declaración de intenciones, sino que debe cristalizarse en un conjunto de iniciativas que apunten a robustecer y blindar el financiamiento educativo; asegurar escuelas con buena infraestructura, equipamiento y material didáctico; promover mayor tiempo de enseñanza; fortalecer el rol de los docentes; y favorecer una gestión inteligente del sistema educativo apoyada en la evaluación y sistemas de información sólidos; todas ellas teniendo como norte que todos los niños dela Argentina tengan un acceso temprano a la educación y se gradúen con aprendizajes de calidad. Es decir, convertir a la Educación en una verdadera política de Estado.Un proyecto educativo de esta naturaleza, que sintonice con una estrategia de desarrollo requiere, además, generar una mayor articulación entre el sistema educativo y el sector productivo. Esto supone, por un lado, crear un ecosistema dinámico donde las necesidades de una matriz productiva regional dialoguen con la oferta formativa disponible. Por otro, que los jóvenes, desde el nivel secundario, conozcan las oportunidades y los desafíos del mundo del trabajo y tengan acceso a experiencias valiosas en entornos productivos. Esta articulación entre educación y trabajo necesita de una trama de actores de diferentes sectores (educación, trabajo, producción) y de los distintos niveles de gobierno dispuestos a cooperar y coordinar acciones.Una educación de calidad es una condición básica para que las personas puedan llevar adelante su proyecto de vida y ejercer una ciudadanía democrática, buscando la prosperidad a título individual. Una educación de calidad es también el pilar fundamental para construir un país con un desarrollo inclusivo y sostenido. Hoy, el gobierno nacional y los gobiernos provinciales tienen una gran oportunidad para asignarle la más alta prioridad. El punto de partida puede ser este gran acuerdo nacional. Sólo con una mirada prospectiva será posible salir de la sucesión de crisis tras crisis en la que se encuentra el país hace décadas. El compromiso debe ser el largo plazo, y eso es la educación.Directora ejecutiva de Cippec y director de Educación de Cippec  Opinión 

Leave a Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *